por Fran Iglesias14-11-2008 16:08 (Nº art. 524)
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La escuela es un entorno con diversos ámbitos o espacios y cada uno de ellos puede beneficiarse de la incorporación de las TIC en sus procesos.
Sin embargo, esto es una fuente de confusión ya que cada uno de estos ámbitos plantea necesidades diferentes, que pueden ser satisfechas por herramientas distintas. El problema es que se tiende a tomar la parte por el todo, de forma que, dependiendo del emisor del mensaje las TIC en educación de identifican con “aulas de ordenadores”, “PDI”, “entornos virtuales”, “multimedia”, “web 2.0” o cualquier término que se ponga de moda.
La consecuencia práctica de esta confusión es que acabamos intentando aplicar conceptos, soluciones y herramientas en contextos inadecuados. Se introducen equipamientos informáticos en las aulas sin un modelo pedagógico que justifique su aplicación. Se confunden las TIC como herramienta para el docente, con su papel en el aprendizaje del alumnado. Se valoran las necesidades mediante ratios ordenador/alumno o PDI/aula, sin tener en cuenta qué situaciones de enseñanza-aprendizaje se pueden crear con ellas. Se podría decir que se quiere aplicar un modelo de mejora industrial de los procesos, a base de la introducción de máquinas, sin tener claro qué procesos concretos se pretenden mejorar.
¿Nos lleva esto a alguna parte? No, porque en cierto sentido no sabemos a dónde vamos o a dónde queremos ir realmente. Al mezclar las necesidades, problemas y soluciones de los distintos ámbitos de aplicación de las TIC en la educación, los resultados son confusos e irregulares.
¿Cuáles son, entonces, esos ámbitos y qué retos y necesidades plantean?
Podríamos definir los siguientes.
Comprende el registro y proceso de la información académica de los centros y de su alumnado. Las ventajas de informatizar estos registros son bastante manifiestas, gracias a la posibilidad de consulta en tiempo real y la reducción de papeles, así como la posibilidad de interconectar bases de datos para gestionar titulaciones o traslados.
Se podría decir que estamos en una fase inicial, con mucha irregularidad entre los centros, así como una falta de estandarización que facilite compartir datos entre diferentes organizaciones usando distintas herramientas.
En una situación ideal, cada profesor o profesora, introduce esa información a medida que se genera y esta queda disponible para el resto de personas autorizadas (tutores, alumnado, familias, profesorado de apoyo, etc.).
Una de las ventajas educativas que podríamos extraer de un buen sistema de gestión sería sobre todo la detectar a tiempo y llevar un seguimiento en tiempo real de los posibles problemas o necesidades especiales. Nos proporciona una base para un tratamiento individualizado viable.
Por otro lado, nos plantea el problema de la custodia de datos de carácter personal, de acuerdo con las leyes vigentes.
Uno de los ámbitos donde la aplicación de las TIC parece más clara es en el desarrollo de la enseñanza a distancia y la enseñanza virtual.
Las herramientas TIC hacen posible organizar y seguir iniciativas formativas no presenciales y enriquecerlas con una mayor interacción no sólo entre profesor/a y alumno/a, sino también entre el conjunto del alumnado participante, incluso entre diversos cursos, gracias al software que permite crear “campus” virtuales, con una diversidad de servicios.
El principal problema que se plantea es el modelo pedagógico que fundamenta las experiencias de aprendizaje que se proponen desde este tipo de plataformas.
El entusiasmo por estas herramientas ha llevado a plantear la virtualización de la escuela presencial como forma de extender la escuela fuera del horario escolar y llegar a una escuela de “24 horas”. Esto nos provoca varias preguntas: ¿qué objetivos se persiguen? ¿Cómo se va atender esa escuela virtual? ¿Quién se encarga del funcionamiento de la escuela virtual? ¿En qué medida la parte presencial y la virtual se duplican, se solapan o se complementan?
Las ventajas más evidentes serían la disponibilidad de materiales y recursos para el alumnado en cualquier momento y, gracias a los dispositivos móviles, en cualquier lugar. También estaría la posibilidad de lograr una mayor personalización de la relación profesor-alumno, al permitir una auténtica tutorización individual en la que el profesor o profesora podría atender consultas personales de cada alumno o alumna o incluso proporcionarle acceso a recursos mejor adaptados a su estilo de aprendizaje, preferencias o capacidades.
En el lado de los problemas, sobre todo destaca que no parece haber un planteamiento claro de los objetivos, y mucho menos una dotación de medios personales y técnicos adecuados que permitan hacer realidad esta escuela a tiempo completo.
Las asignaturas de tecnología, o específicamente de tecnología informática, se ocupan de las TIC como objeto de estudio dentro de la etapa de Secundaria Obligatoria.
Uno de los grandes problemas consiste en elegir qué herramientas o tecnologías concretas se enseñan. Por un lado, están los problemas de accesibilidad económica que se podrían solucionar recurriendo al software libre o, al menos, gratuito. El objetivo sería evitar que los alumnos o alumnas se vean obligados a pagar por estas herramientas y también que los centros no se vean abocados a una muy cara renovación periódica de las licencias del software utilizado.
Por otro lado, está la pertinencia de las herramientas seleccionadas. ¿Es una tecnología que finalmente se consolidará? ¿Tendrá utilidad real para el alumno en el futuro? ¿Dónde ponemos el énfasis: en las prestaciones del software, en la facilidad de uso o en la aplicabilidad de los conocimientos en entornos laborales?
La última renovación del currículum escolar en España nos plantea el desarrollo de la competencia digital como uno de los objetivos de la escolarización. Esta se define más o menos así
Esta competencia consiste en disponer de habilidades para buscar, obtener, procesar y comunicar información, y para transformarla en conocimiento. Incorpora diferentes habilidades, que van desde el acceso a la información hasta su transmisión en distintos soportes una vez tratada, incluyendo la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación como elemento esencial para informarse, aprender y comunicarse.
Pero, ¿cómo interpretar esta definición? Podemos plantearnos la competencia digital desde dos puntos de vista complementarios.
El énfasis en las herramientas nos llevaría al mismo tipo de problemas que nos plantea la enseñanza de la tecnología. La herramientas son muy cambiantes y existe una oferta muy diversa. Cada usuario debería utilizar aquellos programas y dispositivos con los que se sienta más a gusto.
Pero lo común para todos son los lenguajes, la forma particular de contar y escuchar en cada uno de ellos. Esto es algo que podemos abordar utilizando aquellas herramientas que mejor se adapten a nuestras circunstancias.
Desde las aplicaciones básicas de ofimática, hasta los programas específicos para la organización docente, pero también podemos incluir las PDI y otros programas y dispositivos orientados a apoyar el trabajo del profesorado.
En muchos casos se trata de herramientas que informatizan el proceso docento, y a veces diseñadas tomando como base un modelo de enseñanza tradicional, enriqueciéndola en un sentido fundamentalmente cuantitativo. Por ejemplo, los programas de presentaciones o las PDI encajan muy bien en los modelos de enseñanza reproductiva, favoreciendo la presentación de información de una manera más atractiva y activa, pero sin facilitar demasiado los procesos de aprendizaje autónomo.
Podemos decir algo semejante de las herramientas de autor para la enseñanza (tipo LIM, JClic, HotPotatoes, etc.), que ayudan a crear actividades de práctica.
Sin embargo, dentro de no mucho tiempo, este aspecto de las TIC dejará de tener importancia porque será simplemente lo habitual, ocupando el lugar que tienen actualmente el lápiz y el papel, las fichas de ejercicios, la pizarra y la tiza, etc.
La integración de las herramientas TIC en el aprendizaje del alumnado es uno de los aspectos más interesantes porque es aquí donde las TIC pueden ayudar a desarrollar un proceso de auténtica innovación educativa.
Se trata de poner en manos de las alumnas y alumnos herramientas con las que manipular la información y generar conocimiento y convertirlos en protagonistas activos de su proceso de aprendizaje y desarrollo.
Este tipo de planteamiento nos lleva al trabajo por proyectos y a la redefinición del papel del profesorado y de las relaciones con el alumnado. Como se ha dicho otras veces, es cada alumno o alumna quien sigue su propio itinerario de aprendizaje, con la guía de sus profesoras y profesores, que le ayudan a establecer metas y a evaluar su progreso.
Este modelo centrado en el aprendizaje contribuye también a reubicar adecuadamente las herramientas de enseñanza. No podemos discutir que los maestros y maestras tienen que seguir enseñando, pero ha de cambiar la perspectiva.
A medida que los dispositivos y servicios de comunicación se generalizan y adoptan nuevas modalidades se revela la necesidad de trabajar con el alumnado en su socialización digital.
No se trata únicamente de aprender a manejar las diversas herramientas existentes. Se trata de trabajar en la forma de relacionarse a través de los nuevos medios: expresarse, escuchar y compartir en un entorno global. En el momento actual podemos relacionarnos con personas de cualquier parte del mundo: idiomas, culturas, contextos…, incluso tenemos que aprender a tener en cuenta los horarios.
¿Cómo se desarrollan conceptos como amistad, respeto, confianza, reputación y tantos otros en este nuevo entorno? Es una pregunta que tenemos que empezar a responder cuanto antes.
La democracia no se aprende en el Parlamento, sino en casa. Ser demócrata no es una actitud política, es una actitud ante la vida
Montserrat Roig
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